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No es ningún secreto que el cuerpo humano es increíblemente sensible a nuestro mundo contaminado y tóxico. Y la humanidad solo continúa empeorando el daño en la búsqueda de nuevos avances modernos. Diariamente estamos constantemente expuestos a químicos y metales pesados. Se encuentran en el aire que respiramos, el agua que bebemos, los campos que cosechamos (con el uso de pesticidas) y los animales y peces que comemos.

Los metales pesados, como el cadmio y el mercurio, entre muchos otros, se incrustan constantemente en nuestro cerebro, huesos, órganos y tejidos a nivel celular, con cada respiración y mordida que damos. La próxima vez que comas sushi, que tiene una alta probabilidad de contener mercurio, que pintes tu casa, que respires el olor de tu auto nuevo, que instales una alfombra nueva o que respires el aire exterior, ten presente que casi todo libera sustancias químicas nocivas que podrías inhalar o ingerir.